Solas llegamos rápido, acompañadas llegamos lejos
REDES es un espacio para promover el trabajo en red en los distintos ámbitos de la cooperación internacional. Nuestra socia Taller de Solidaridad, que este año celebra su XXV aniversario, nos comparte su experiencia de camino compartido. El proyecto de turismo sostenible en Ausangate (Perú), que desarrolla junto a Entreculturas y con financiación descentralizada, es un hermoso fruto de este camino.
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Hay una idea que repetimos mucho en Taller de Solidaridad (TDS); la hemos comprobado una y otra vez: trabajar en red no es una estrategia que se activa cuando conviene, es una forma de entender la cooperación. Para nosotras, agruparnos con otras entidades no es la excepción que se prueba en una convocatoria concreta, sino una apuesta sostenida en el tiempo. Y no somos las únicas que lo pensamos. El Barómetro del Tercer Sector de Acción Social 2024, presentado por la Plataforma de ONG de Acción Social, lo confirma con datos: las entidades cooperan principalmente con otras organizaciones sociales porque, con recursos limitados, el trabajo en red es la única vía para reforzar su capacidad transformadora.
De dónde nacen las alianzas que funcionan
Las colaboraciones más sólidas que hemos construido no empezaron en un formulario de subvención. Empezaron antes: en el reconocimiento mutuo entre personas y entre instituciones. Personas que ya se conocían y confiaban, e instituciones que descubrían que se complementaban en el territorio, en los socios con los que coincidían o en la manera de entender un proyecto.
Esa complementariedad puede ser en cuanto a experiencia técnica -una entidad más fuerte en emprendimiento, otra en educación popular, por ejemplo- o de implantación territorial. Pero lo que realmente sostiene una alianza a largo plazo es algo más simple y difícil de fabricar: compartir enfoques y maneras de acompañar a las socias locales que sean coherentes entre sí. Cuando esa coincidencia existe, la oportunidad de presentar una propuesta conjunta a una convocatoria suele llegar después, casi como consecuencia natural, no como punto de partida.
Lo que hemos aprendido trabajando así
Llevamos casi dos décadas sosteniendo relaciones de trabajo agrupado con otras entidades españolas, no como colaboraciones puntuales, sino como procesos estables que se han ido ampliando: nuevos proyectos, nuevas geografías, nuevas socias locales que se suman a partir de la confianza ya construida entre las organizaciones consorciadas.
De esa experiencia sostenida en el tiempo nos quedamos con varias certezas:
- La calidad técnica mejora. Cuando dos entidades diseñan juntas, el resultado suele ser más robusto que la suma de dos propuestas por separado.
- Se abren más puertas para las socias locales. Agruparnos multiplica el acceso a oportunidades de financiación que, en solitario, serían más difíciles de alcanzar.
- El impacto no se queda solo en terreno. Trabajar juntas también fortalece nuestra incidencia y sensibilización en España: compartir contactos e interlocución con actores complementarios -espacios de turismo responsable, redes de comercio justo, universidades- multiplica el alcance de ambas entidades en su propio territorio.
- La confianza entre organizaciones es un activo que se reutiliza. Una alianza bien construida con una entidad abre la puerta, con el tiempo, a explorar nuevos países o nuevas socias, aprovechando la red de contactos de la organización consorciada.
Lo que no sale en las fotos
Sería incompleto quedarnos solo con lo positivo. Trabajar en consorcio también tiene un coste, y merece la pena nombrarlo con la misma honestidad con la que contamos lo bueno.
El reto principal es el tiempo. Construir una propuesta conjunta que sea de verdad conjunta, y no una suma mecánica de dos partes, exige un proceso de definición compartida que no encaja bien en los plazos ajustados de muchas convocatorias. La lección que sacamos de esto es clara: hay que empezar a pensar en la alianza antes de que se abra la convocatoria, como un proceso continuo, y no solo como el ejercicio puntual de formular una propuesta.
El segundo reto es operativo: la coordinación durante la ejecución exige un esfuerzo constante de información compartida entre las entidades consorciadas, y ese esfuerzo hay que planificarlo, no puede quedar a la improvisación.
Las condiciones que lo hacen posible
Si tuviéramos que resumir en qué se sostiene una buena colaboración agrupada, distinguiríamos dos planos.
Un plano de fondo, previo a cualquier proyecto: confianza mutua, reconocimiento honesto de las experticias de cada entidad, enfoques compartidos sobre cómo acompañar a las socias locales, y transparencia real en la información y la rendición de cuentas.
Y un plano operativo, que conviene dejar por escrito desde el principio: quién lidera la interlocución con la socia local, quién lidera la interlocución con el financiador, y cómo se reparten las responsabilidades de informes técnicos, económicos, evaluación y auditoría. No es desconfianza, es cuidado: la claridad en los roles es lo que permite que la relación se sostenga cuando llegan los momentos de tensión, que siempre llegan.
Redes territoriales: fortalecer desde lo local
El trabajo en red también se articula a través de nuestra participación activa en entidades que nos permiten sumar voces, compartir aprendizajes y fortalecer el sector desde lo territorial. Nuestra implicación en la Coordinadora Galega de ONGD, la Coordinadora Valenciana de ONGD o REDES (Red de Entidades para el Desarrollo Solidario) son ejemplos de esta apuesta por tejer alianzas desde la proximidad y la coherencia.
Estas redes nos conectan con otras organizaciones que comparten retos similares, nos permiten amplificar nuestro mensaje y nos ayudan a incidir de forma más efectiva en políticas públicas que afectan al tercer sector y a las comunidades con las que trabajamos.
Una llamada a las organizaciones de REDES
Trabajar de esta manera nos ha enseñado que la colaboración entre entidades no es un gasto de tiempo que resta eficiencia, sino una inversión que multiplica calidad, alcance e impacto. Por eso creemos que quienes financian la cooperación -administraciones públicas, fundaciones, empresas- tienen un papel que jugar: reconocer y premiar los modelos colaborativos en lugar de penalizarlos con plazos y exigencias pensadas solo para propuestas individuales.
Porque, como decíamos al principio, solas podemos avanzar rápido. Pero acompañadas, de verdad acompañadas, llegamos mucho más lejos.
Jesús García-Consuegra
*Las fotos de portada y cierre muestran el proyecto de turismo sostenible en Ausangate.
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