Este calor no es normal
Eduardo Agosta, director de la pastoral de la Ecología Integral de la Conferencia Episcopal y climatólogo investigador de la Universidad de Valencia, confirma en sus últimas publicaciones que nuestros veranos son cada vez más secos, más largos y más calurosos. Esto influye lógicamente en la proliferación de incendios forestales. Como personas creyentes e instituciones eclesiales, tenemos mucha tarea.
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El semanario Alfa y Omega se hace eco esta semana de las últimas investigaciones del grupo ClimaMet (Univ. Valencia) en el que participa el carmelita Eduardo Agosta. Los datos confirman que los efectos de la crisis climática ya están afectando claramente a nuestro país, tal como publica también la web de la Conferencia Episcopal. El calor que sufrimos no es normal.
Es especialmente revelador cómo ha cambiado el tipo de lluvias que venimos recibiendo en los meses entre mayo y agosto. Cada vez son menos frecuentes las "lluvias útiles", ligeras y extendidas en el tiempo, que son las que permiten refrescar el ambiente y recargar los acuíferos. Frente a estas, el calentamiento extremo del ambiente está propiciando episodios de lluvias torrenciales concentradas, con efectos igualmente devastadores.
Los veranos más extensos, cálidos y secos generan una extrema sequedad en la que los incendios se hacen más habituales y virulentos. Tristemente tenemos que contar las víctimas humanas en estas semanas.
Ante este escenario muy complejo, la pastoral y la ciencia nos marcan una misma dirección. Debemos evitar que la crisis climática sea también objeto de reproches entre los partidos políticos que bloqueen cualquier avance. La conversión ecológica supone un camino personal y comunitario.
En lo personal, revisar fundamentalmente nuestro patrón de consumo energético. Pero más necesarias si caben son las acciones colectivas, empezando por promover la educación ambiental en las parroquias y comunidades. Junto a esto, «como ciudadanos y creyentes, debemos exigir a las instituciones y a los agentes económicos que aceleren la transición energética y adopten medidas de adaptación frente a la sequía y el calor; políticas y proyectos que revitalicen la “España vaciada”» para «frenar el abandono rural». En concreto, las iniciativas de «agricultura y ganadería extensivas sostenibles». Se debe priorizar «siempre el bien común por encima de los intereses particulares»
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