La Cuenca del Congo en la Cumbre del Clima COP31
La COP31, que se celebrará la semana que viene en Turquía, representa una oportunidad estratégica para lograr el reconocimiento del papel insustituible que desempeña la Cuenca del Congo, el segundo bosque tropical más grande del mundo, en la regulación del clima global, la protección de la biodiversidad y la seguridad de las poblaciones que dependen de él. Esta región sustenta a millones de personas a través de la agricultura, la pesca, la medicina tradicional y los medios de vida locales.
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Esta riqueza se encuentra amenazada por la deforestación, la explotación minera y petrolera, la agricultura extensiva, la caza furtiva, los conflictos y los efectos crecientes del cambio climático. Las comunidades locales y los pueblos indígenas —principales guardianes de estos ecosistemas— sufren a menudo las consecuencias de decisiones tomadas lejos de sus territorios, sin beneficiarse de manera equitativa de los recursos generados.
Por tanto, la COP31 debe servir para recordar una verdad fundamental: proteger la cuenca del Congo equivale a preservar el equilibrio climático del planeta y la dignidad de sus habitantes.
Este es, precisamente, el mensaje que la Iglesia de África llevará a la COP32, que tendrá lugar en Etiopía en 2027.
LOS PRINCIPALES DESAFÍOS PARA LA CUENCA DEL CONGO
A partir de este año, la participación activa de los países de la Cuenca del Congo en los diversos encuentros mundiales se articulará en torno a varias prioridades:
- Una financiación climática accesible, equitativa y adaptada: Los compromisos internacionales establecen un objetivo de financiación climática de al menos 300.000 millones de dólares anuales para los países en desarrollo de cara al año 2035.
- El reconocimiento de los pueblos indígenas y las comunidades locales: Los saberes ancestrales, la gobernanza comunitaria de los bosques y la participación de las mujeres y los jóvenes deben ocupar un lugar central en las soluciones climáticas. Una transición que ignore a las comunidades locales no puede ser ni justa ni sostenible.
- La protección efectiva de los bosques y la biodiversidad: La COP31 debe promover mecanismos concretos de conservación, restauración de paisajes degradados y lucha contra la deforestación, evitando al mismo tiempo que la protección de la naturaleza se convierta en un pretexto para excluir a las poblaciones locales. La gestión forestal debe garantizar la protección frente a la deforestación masiva. REBAC pone en valor las experiencias locales de conservación, agroecología y energías renovables
- La justicia climática y la reparación de pérdidas y daños: Los países de la cuenca del Congo —que tienen una responsabilidad limitada en las emisiones globales pero están altamente expuestos a los impactos climáticos— deben recibir un mayor apoyo a través del fondo para pérdidas y daños y de los mecanismos de transición justa. Este apoyo no podría pasar por alto los problemas de gobernanza en esta región.
- Una transición energética adaptada a las realidades locales: la electrificación figura entre las prioridades destacadas por la presidencia de la COP31. Para nuestros países, se trata de promover las microcentrales, así como energías renovables accesibles —especialmente la solar y la hidroeléctrica—, capaces de dar soporte a escuelas, centros de salud, la agricultura y las pequeñas empresas, sin agravar las presiones sobre los ecosistemas.
LA ECOLOGÍA INTEGRAL: UNA BRÚJULA PARA LA COP31
La REBAC recuerda que la crisis climática no es solo medioambiental. Es también social, económica, moral y espiritual. La ecología integral, inspirada en la encíclica *Laudato Si’*, invita a no separar nunca la defensa de la naturaleza, la lucha contra la pobreza, la justicia social, la dignidad humana y la responsabilidad hacia las generaciones futuras. La cuestión de la gobernanza y la democracia, ignorada en las sucesivas COP, vuelve a cobrar importancia.
En Antalya, la voz de los países de la cuenca del Congo debe transmitir un mensaje claro: no habrá un clima estable sin bosques vivos; no habrá bosques vivos sin comunidades fuertes, escuchadas y apoyadas de manera equitativa. No habrá protección de los bosques ni de la biodiversidad sin Estados estables, íntegros y democráticos.
La cuenca del Congo no pide caridad: pide el reconocimiento de su contribución a nivel mundial y los medios justos para seguir protegiendo aquello que toda la humanidad comparte.
R. Minani, Coordinador de REBAC (Red Eclesial de la Cuenca del Congo)
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