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Recuperar el control de la economía en favor de la vida

 / abril 30,2026

Ayer 29 de abril concluyó la Conferencia de Santa Marta para el abandono de los combustibles fósiles. Eduardo Agosta, director del Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española publica un análisis esperanzador que destaca este punto de inflexión.

El evento ha resonado profundamente con el llamado urgente que la Iglesia católica ha formulado en sus documentos magisteriales: el fin de la era de los combustibles fósiles es un imperativo moral. Con el lema de una «transición justa, ordenada y equitativa», líderes mundiales de 50 países, comunidades indígenas, tradicionales, organizaciones sociales y expertos se reunieron para trazar una hoja de ruta que ya no pregunta si debemos dejar los combustibles fósiles, sino cómo hacerlo sin dejar a nadie atrás.

A diferencia de otras cumbres, Santa Marta se diseñó como un espacio para los países que ya están listos para acelerar el ritmo. No se buscaba un consenso unánime de casi 200 países (muchos de ellos dependientes de los intereses petroleros), sino consolidar un bloque de más de 50 naciones decididas a implementar políticas de salida real del modelo extractivista.

Un aspecto crucial debatido en Santa Marta ha sido la deuda ecológica (Laudato Si’ 51-52). Los líderes afirmaron que el mecanismo financiero internacional basado en la deuda externa obliga a los estados del sur a seguir extrayendo y comercializando sus combustibles fósiles: no se puede exigir a los países en desarrollo que abandonen sus ingresos provenientes de combustibles fósiles si están asfixiados por la deuda externa. No se puede hablar de transición si esta genera más pobreza. Sanar la economía es, en palabras del papa León, una forma de cuidar la Casa Común.

Santa Marta ha exigido una transición ecológica «obligatoria, eficiente y fácilmente monitoreable», alejándose de las falsas soluciones o del «lavado de imagen» (greenwashing) que la Iglesia viene denunciando como distracciones peligrosas. Se avanzó en la idea de anular las protecciones legales que permiten a las petroleras demandar a los Estados si estos quieren implementar medidas climáticas ambiciosas en pos del interés común. Es un paso hacia la recuperación del control político sobre la economía en favor de la vida.

Aunque esta conferencia no tuvo carácter vinculante como una COP, su impacto es político y estratégico. Los resultados servirán de base para:
● Fortalecer la posición del bloque ambicioso en las futuras negociaciones de la ONU.
● Impulsar leyes nacionales de transición en los países firmantes de la Declaración de Belém.
● Presionar para que los sistemas financieros globales dejen de subsidiar la destrucción del clima.

Santa Marta demuestra que contamos con una coalición (incluyendo países productores como Nigeria, Brasil, Angola, Canada o Noruega, además de España y otros 12 estados europeos liderados por Países Bajos) decidida a recorrer el camino de la descarbonización con una brújula clara: la justicia. Se trata de un nuevo multilateralismo desde abajo. La transición justa no es solo una estrategia económica, es un acto de reconciliación con la creación y una garantía de justicia para las generaciones futuras.

Esta conferencia tendrá un segundo hito en 2027, coorganizado por Tuvalu e Irlanda.

Nota completa del Depto de Ecología Integral CEE.

Nota de Alianza por el Clima-plataforma civil en la que participa REDES

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